“Escribir sobre Cumaná es intentar describir un equilibrio imposible: es esa mezcla de salitre, historia y una desesperación silenciosa que se disuelve bajo un sol que no perdona”
Cumaná: La Primogénita entre el Azfalto y el Salitre
Vivir en la Primogénita del Continente es un ejercicio de resistencia emocional. El día comienza no con el despertador, sino con el calor abrasador que entra por la ventana, recordándote que el Caribe no solo se mira, se padece. La desidia se siente en el aire, densa como la humedad del Manzanares; se ve en las fachadas que se descascaran y en las calles que parecen fracturadas por el olvido.
El Caos y la Adrenalina
El estrés aquí tiene un ritmo distinto. No es el afán corporativo de las grandes metrópolis, es la adrenalina del «cómo hago».
Es el colapso del transporte, el ruido ensordecedor de los mercados y esa chispa de tensión cuando el servicio eléctrico decide tomarse un descanso eterno. Cruzar la ciudad es una odisea donde la paciencia se estira hasta el límite, justo antes de convertirse en esa resignación caribeña que nos caracteriza.
El Sentido de Pertenencia
Pero, a pesar del desmoronamiento, hay algo que nos amarra a esta tierra de poetas y guerreros:
• El sentido de pertenencia: No es solo haber nacido aquí, es entender que somos parte de una historia de 500 años que se niega a morir.
• La pasión: Es ese amor terco por el atardecer en el Monumento o en San Luis, donde el cielo se enciende en naranjas y violetas, haciéndonos olvidar, aunque sea por diez minutos, que el agua por tubería es un lujo y no un derecho.
• La resiliencia: Somos expertos en esperar. Esperamos el bus, esperamos la lluvia, y sobre todo, esperamos soluciones concretas de autoridades que parecen habitar una ciudad distinta a la nuestra.
Nuestra Vida Cotidiana
Nuestra fe es una mezcla de oración y pragmatismo. Amamos a Cumaná con la misma intensidad con la que nos quejamos de ella. Es esa pasión dicotómica:
nos duele su abandono, pero defenderíamos su nombre ante cualquiera. Porque ser cumanés es llevar el sol por dentro, saber que la vida sigue fluyendo a pesar del estancamiento, y que la esperanza —esa que aguarda por la gestión que finalmente esté a la altura de nuestra historia— es lo último que se evapora bajo este cielo azul eterno. BRACAMONTE_OFICIAL
WILLIAM BRACAMONTE














